¡Qué duro es enfrentarme a la triste realidad de "herir" mi flamante e impoluto clase C! Yo, y solamente yo. No tengo ni siquiera el consuelo de que hubiera sido mi mujer
Esta tarde, afligido y derrotado, lo he dejado en el taller. El chapista ha intentado quitarle hierro: "esta pintura es delicada, pero queda muy bien", me ha dicho. No me ha servido de nada porque estoy seguro que estaría pensando, "menudo tope".
Después, resignado y con el sabor amargo de la derrota, me he marchado a casa en el Seat Arona de mi mujer.








