Habían regado horas antes la calle, y yo, imbecil de mí, pensando que el coche se iba a comportar como siempre, tiré de frenos. Entró el ABS (¡¡ que intrusivo es!!) y una frenada relativamente sencilla se convirtió en 5 ó 6 metros sin detenerse suficientemente.
Resultado: galletón al taxista por detrás y el Merchy se hundió del morro. Ahora está en el taller con el capó hecho una tienda de campaña, rota la rejilla y diversas piezas del radiador.
Menos mal que los dueños son de confianza y el lunes que viene lo tengo de nuevo "enterito".












