Corría el año ochenta y tantos, yo tenía 8 años aproximadamente, y bueno, mi familia era mas bien tirando a pobre. Teníamos un televisor de 14 pulgadas en blanco y negro, de esos que para cambiar de canal tenias que girar una ruedecilla como en las radios analógicas, pero a pesar de eso era nuestro gran divertimiento de la familia. El caso es que a mi padre le fue bien en el trabajo durante una temporada y después de calentarle la cabeza mis hermanos y yo durante un tiempo se decidió a comprar una de esas teles “gigantes” de 28 pulgadas en color. Cuando la tele llegó por fin fue como tener el cine metido en casa, era algo increíble, estábamos todo el día pegado al televisor viendo dibujos animados gigantes y a todo color… era lo mas.
Durante un tiempo estuvimos felizmente disfrutando de la tele y bueno, al final pues terminamos acostumbrándonos a ella y ya lo veíamos como algo normal. Por desgracia un día la tele se estropeó, pero tuvimos la suerte que como tenía poco tiempo nos lo arreglaban sin cargo alguno, pero claro, nos quedábamos sin tele, así que mientras la arreglaban volvimos a poner la pequeña y engorrosa tele de 14 pulgadas en blanco y negro.
El cambio fue algo espectacular, la pequeña tele parecía una caricatura de la anterior e incluso tenías que forzar la vista para ver a los pequeños personajes monocromo que aparecían dentro de ella. La nueva tele se echaba de menos y cada día se deseaba mas que volviese a casa. Poco a poco me fui acostumbrando de nuevo a la antigua tele, adaptándome sin remedio a las circunstancias. Después de algún tiempo (antes las cosas cuando había que enviarlas a fabrica tardaban mas), nos trajeron de nuevo la preciada tele y después de cambiarla por la otra, la sensación fue como si hubiese llegado por primera vez, con la diferencia que vivías el día a día esperando el momento de volver a sentarte ante ella y disfrutar como lo hacías antes.
Bien, contado esto, llegamos a la conclusión de que el ser humano tiene la capacidad de adaptarse a las circunstancias y ese es el truco para disfrutar de los alicientes de la vida.
En mi caso particular hago lo siguiente: Durante los días de diario tengo un xantia diesel que es mi coche de batalla, consume poco y me hace el avio de llevarme y traerme del trabajo, y luego los fines de semana cojo mi Mercedes C280 para ocio y disfrute, y la verdad, la sensación es como si cada fin de semana estrenase coche, y estoy durante la semana esperando que llegue el viernes para sacar mi Mercedes de la cochera.
Si yo llevase el Mercedes todos los días al final acabaría acostumbrándome y pienso que no lo disfrutaría tanto como lo hago ahora, porque el ser humano tiene esa capacidad de adaptación innata tanto para lo bueno como para lo malo, por eso hay tanta gente que tiene mucho dinero que al final se acostumbra a esa forma de vida y al final no le llena nada, simplemente porque tienen todo lo que quieren y paradójicamente eso hace que sean menos felices.
Probad a pensar de cuantas formas se puede experimentar esa sensación y veréis que hay muchos casos en los esto pasa, como ejemplo que me viene ahora mismo a la cabeza, cuantas veces tenéis a la persona que queréis a vuestro lado y os acostumbráis a estar con ella, tanto que se hace rutina y de repente por cosas de la vida tenéis que separaros un tiempo y veros por ejemplo los fines de semana (a mi me pasó cuando estuve en la academia militar), cuando llega ese fin de semana todo es diferente, se hacen mas cosas, se aprovecha mas el tiempo y estas todos los días pensando en que llegue el fin de semana, siendo por decirlo de algún modo, un aliciente en la vida… No es verdad???...
Pues así pasa con todo lo demás y hay dos refranes que vienen al pelo:
- No es mas feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.
- No se sabe lo que se tiene, hasta que se pierde o no se tiene.
Espero que no os haya aburrido el “tocho” y os haya hecho pensar un poquito en los alicientes de la vida, y que ni mucho menos necesitas tener mucho dinero para ser feliz.
Un saludo.














