Prefiero no decir nada y que lo leáis de la fuente directamente.
La primera impresión después de conducir el nuevo BMW i8 es que los grandes rivales de la marca alemana van a tener que ponerse las pilas (y nunca mejor dicho). BMW ha cogido una notable ventaja en términos tecnológicos y no serán ni el Audi R8 e-Tron ni el Mercedes SLS AMG Electric Drive los que vengan a desmentirlo. Estos dos coches citados son vitrinas tecnológicas pensadas para ser fabricadas en cuentagotas para cuatro locos de la tecnología y vendidos a precios imposibles. El i8 no. El i8 es una realidad. Un superdeportivo con las prestaciones de un GT de altos vuelos pero con el consumo de un coche compacto y la posibilidad de ir a por el pan en modo 100% eléctrico.
Antes de explicaros cómo va, dejadme que os de unas cuantas cifras. La primera: 2.000. Estos son los pedidos que acumula ya la marca alemana en todo el mundo. 2.000 pedidos de 2.000 personas dispuestas a pagar 130.000 euros por un coche que no han probado y que, en algunos casos, ni siquiera han visto en vivo. Muy normal no es.


BMW i8










